Declaración Asamblea de Trabajadoras y Trabajadores

Al cumplirse un año de la revuelta popular, el 18 de octubre del 2019 las y los estudiantes secundarios encendieron la llama que era necesaria para despertar el fuego de un pueblo dormido, y fuimos miles quienes nos tomamos las calles para protestar contra las injusticias de este macabro sistema.

Porque no fueron los 30 pesos de alza del pasaje, fueron los 30 años de implantación de un modelo de sociedad que nos somete a condiciones de precariedad y desigualdad social que se han vuelto insostenibles para la clase trabajadora y el pueblo.

  • Estamos cansadas y cansados de los sueldos de hambre que recibimos por trabajar extensas y agotadoras jornadas laborales, mientras los grandes empresarios aumentan sus ganancias con nuestra explotación.
  • Ya no toleramos las pensiones de miseria que obtenemos al jubilar, más sabiendo que las AFP´s sólo se han enriquecido con nuestros años de trabajo.
  • Estamos hartas/os del empleo precario, del subcontrato, el teletrabajo y los trabajos a honorarios que traen consigo altos niveles de inestabilidad laboral, desprotección social y abuso patronal.
  • Nos cansamos del Código Laboral (y su reforma) que impide la negociación por rama, mantiene el subcontrato, profundiza la flexibilidad laboral y limita la huelga (con los servicios mínimos), mientras que permite el mantenimiento de las listas negras y promueve el sindicalismo patronal.
  • Estamos chatas/os de que la educación, la salud y la vivienda no sean considerados derechos, sino más bien negocios para que los empresarios sigan lucrando.
  • Rechazamos la persecución y represión del estado al pueblo-nación mapuche que resiste en pie de lucha la usurpación de su territorio.
  • Estamos hartas de la violencia sistemática que se ejerce contra las mujeres de nuestro pueblo y de la doble explotación a la que estamos sujetas las mujeres de la clase trabajadora. En fin, estamos cansadas y cansados de la que la crisis la sigan pagando los trabajadores.

Pero este despertar popular no dejó indiferentes a los poderosos. La clase política, el gobierno, el parlamento, el poder judicial y los grandes empresarios se alinearon rápidamente contra el pueblo, buscando aplacar la protesta y la organización mediante una fuerte represión, por parte de pacos y milicos, lo que trajo como consecuencia una serie de mutilaciones, violaciones, abusos, detenciones y lamentables asesinatos a compañeras y compañeros combatientes de la revuelta. Por otra parte, y siendo incapaces de detener la protesta por medio de la fuerza, la clase política opto por dividir, empantanar e institucionalizar la lucha, tomando mañosamente las banderas de la Asamblea Constituyente, engendrando un Acuerdo por la Paz que dio como resultado el proceso constituyente que se avecina.

Sin lugar a dudas, durante la revuelta de octubre el pueblo golpeó fuertemente al actual sistema político -el que se sustenta en gran medida en la Constitución de Pinochet- y se levantaron una serie de demandas populares que apuntaban fundamentalmente a vivir en condiciones de dignidad, no obstante, “la nueva constitución” no fue una demanda que emergiera naturalmente en el seno de este pueblo organizado, sino que fue una demanda que se fue instalando desde la clase política, con el objetivo de otorgar una salida a la crisis de legitimidad que se vivía en ese momento, además de que buscaban acaparar un lugar en los espacios de creciente organización del pueblo, como lo fueron las asambleas territoriales. En ese sentido, sabemos que el proceso constituyente nace y se desarrolla desde “los mismos de siempre”, sin embargo, comprendemos que algunos sectores de este pueblo que despertó de tan largo letargo, miran con entusiasmo el proceso e irán a votar Apruebo esperanzados en que podrán fin a la actual constitución, lo que generaría cambios sustanciales en nuestras condiciones de vida. Sin embargo, como trabajadoras y trabajadores organizados consideramos que no debemos ilusionarnos con este proceso ya que una nueva constitución dentro del mismo sistema que nos explota y oprime no podrá avanzar en las transformaciones sociales necesarias para resolver las demandas que el 18 octubre puso en la palestra.

En ese sentido, el actual proceso constituyente presenta una serie de limitaciones, en primer lugar y tal como se ha mencionado, este proceso no lo organiza el pueblo, sino los mismos que administraron y profundizaron el modelo que nos impusieron en dictadura hace 30 años, además se ha demostrado que la Convención Constitucional no es una verdadera Asamblea Constituyente, su funcionamiento fue definido y pactado por la clase política, para asegurar que sea esta misma la que decida una nueva constitución para chile y su pueblo. Por otro lado, el poder político y económico usará todos los medios que tienen para confundir y engañar a la gente, intentando hacernos creer que, una vez tengamos nueva constitución, ya no habrá motivos para seguir con las tareas que nos fijó octubre.

Por todo lo anterior, trabajadoras y trabajadores de distintos rubros nos hemos organizado en una Asamblea de Trabajadoras y Trabajadores, con el objetivo de contribuir a la defensa de los derechos e intereses de nuestra clase, asumiendo como base la declaración de principios de la CUT del 53 (Central Única de Trabajadores), encabezada por el dirigente sindical Clotario Blest.

Somos parte del 18 de octubre, creemos en la lucha y organización de las trabajadoras y trabajadores, porque es la única forma de alcanzar las transformaciones que necesita nuestro pueblo. Por eso hoy más que nunca debemos fortalecer el trabajo de base, con sindicalizados y no sindicalizados, porque solo la fuerza y unidad de las y los explotados nos garantizará una vida digna.

Viva la clase trabajadora y los pueblos que habitamos este país.

A combatir a la patronal y sus instituciones políticas.

Solo el pueblo defiende el pueblo.

A manifestarnos y protestar el 18 de octubre.

La lucha continua.

 Asamblea de Trabajadoras y Trabajadores